Canción del día (59): What should I do?
El mejor disco de la década de los 80 según The Rolling Stone, London Calling de The Clash.
Should I stay or should I go - The Clash
El mejor disco de la década de los 80 según The Rolling Stone, London Calling de The Clash.
Should I stay or should I go - The Clash
Cómo me divertí siendo el único que bailaba esto: suelo de cristal, poca gente quedaba ya en la pista, pero yo seguía con mi “One Step Beyond” ![]()
La canción de hoy no podía ser otra…SKA!
One Step Beyond - The Madness
PS: ¡Qué sueño tengo, acostarse a las 7 y levantarse a esta hora es inhumano!
Que Radiohead son uno de mis grupos tótem, no es una novedad, pero no me cansaré de decir lo elegantes que me parecen. Lástima que las entradas fueran tan francamente caras…pero ese dinero ya tenía pensado gastarlo en la caja de edición limitada ![]()
Os dejo con mi canción favorita del último álbum, In Rainbows.
Jigsaw Falling Into Place - Radiohead
En pocas horas empiezan mis vacaciones
Be Yourself - Audioslave
Este grupo, Sigur Ros, me maravilla. Adoro su música, los paisajes islandeses de sus vídeos…me estremecen. Porque me encantaría nadar en el cielo con esos niños, porque ese beso es el que nunca recibiré ni daré, porque ese verde es el de mis ojos…
Glósóli - Sigur Ros
Recuerdo una noche con Natalia, en mi habitación, hablando sobre porqué cuando la gente huele tristeza o desánimo huyen despavoridas.
Algo en mí ha cambiado estos días: he vuelto a leer a todas horas, escucho y toco música muy triste. Canto en silencio, grito a oscuras. Me estoy ahogando en mi propia soledad y las letras amargas me convencen aún más de lo gris que es todo.
No sé porqué llevo conmigo mi teléfono, llevo días sin recibir llamadas. No es un dato útil ni científico, pero ha sido confirmado que el coronel no tiene quien le escriba.
Seguro que cuando cruzas la puerta todo sigue igual.
Sanitarium, just leave me alone…
Where did you sleep last night - Nirvana (popular)
A todos los que se mueven al son de unos pocos, a la masa que nada trasmite y que sólo empuja, a la indiferencia frente a las pequeñas cosas. No soy como vosotros y no escucho vuestras voces de reproche. No me muevo en línea recta, pero sí en círculos y elipses, en trayectorias imperfectas. El aire no está viciado cuando paso frente a vosotros, no tengo raíces en nada, pero pertenezco al todo. Soy una casualidad.
Monochrome - Yann Tiersen
Feliz aniversario, sin vosotros nunca me habría convertido en quien soy ahora.
Leyendo el País hoy me topo con un artículo que me ha hecho rememorar el tiempo en el que soñé con ser piloto, cuando Roald Dahl me hizo fantasear con volar en un caza sobre los cielos de Grecia y el Mediterráneo.
El enlace al artículo original de Jacinto Antón.

Un piloto de Messerschmitt Bf-109 con apellido de siniestras resonancias (Rippert) ha anunciado que es el responsable de la muerte de Saint-Exupéry. “Lo abatí yo”, ha dicho con el tono de quien reconoce que en su inconsciente adolescencia mató a un ruiseñor a pedradas. Sabíamos que el piloto escritor se había estrellado en el mar -habían aparecido los restos de su aparato en las redes de los pescadores-, pero no la causa. Acaso un infarto, problemas con la máscara de oxígeno o suicidio. Finalmente, resulta que lo cazaron.
Ningún derribo puede ser tan poco honorable, tan triste. Saint-Exupéry era ya un piloto viejo, veterano de Aéropostale, de los Andes, del norte de África, cubierto de heridas: había caído tantas veces, en el Sáhara en 1935, sobre las arenas doradas -por las que hubo de caminar durante días-; en Guatemala, en 1937, sobre la selva. No creía en la heroicidad de la guerra (”la guerra no es una aventura, es una enfermedad, como el tifus”, decía).
Su mirada a través del cristal de la carlinga no era la de uno de esos sanguinarios cazadores, young bloods, aves de presa ansiosas de pintar marcas de aviones enemigos en su fuselaje. Saint-Exupéry, en misión de reconocimiento, no buscaba rivales, volaba, se fijaba en el sol, en el viento, en las estrellas, en la disposición de las nubes y en las extrañas formas que éstas adoptan. Inventaba historias, soñaba. No albergaba demasiadas esperanzas sobre su futuro.
Cuando el depredador alemán lo encontró sobre el Mediterráneo, no tuvo más que colocarse a su espalda y apretar el disparador de sus cañones. Una presa fácil. Súbitamente arrebatado del cielo, Saint-Exupéry cayó, su Lightining P-38, una estrella fugaz, plata ardiente siseando al encontrarse con el mar.
Hay algo que nos conmueve en la caída de todo aviador -criaturas del aire desprendidas de su elemento, revelada su fragilidad-. Richtofen cayó, cayó Douglas Bader -el legendario piloto sin piernas de la RAF-; cayó sobre su amada África Dennis Finch-Hatton, el amante de Karen Blixen, en un aeroplano Gipsy Moth igual que el del conde Almásy de El paciente inglés. Cayó sobre el ignoto Pacífico la bella Amelia Earhart -su misterio aún no ha sido desvelado-. Alas efímeras. Ícaros todos. Pero ninguno como Saint-Exupéry, porque con él viajaban la poesía, los baobabs y las rosas. Y ese pequeño príncipe que le salvó una vez de las dunas, pero no pudo nada contra los crueles proyectiles de Horst Rippert y la negra sombra de la guerra y de la Luftwaffe.
Mi amigo er gatito y yo nos habíamos apuntado a la fiesta que organizaba meetic, que si no la conocéis, es una página de contactos bastante famosilla.
¿Por qué hacíamos semejante proeza? Es complejo, pero seguramente si digo que fue culpa de mi amigo, él diga lo mismo de mí ![]()
Total, que nos encontramos en un club desconocido rodeados de lo que denominamos ayer como tío_ésta_y_éste_podrían_ser_no_sólo_nuestros_padres_si_no_incluso_nuestros_abuelos. Los había de todos los colores: con entradas, media melena y pelo engominado hacia atrás (ooooooh yeah!), el polinizador, el ex-boxeador e incluso, y sin querer faltar al respeto, el abuelo de Heidi (incluso también podríamos extrapolar alguien parecido a su perro, Niebla)…
Así que visto lo visto y aunque er gatito y yo pactamos un código de comunicación para los casos difíciles, no lo utilizamos cuando llegó el momento y se oyó claramente un “tío, salgamos de aquí, es imperativo”…
La canción del día no podía ser otra (estoy casi seguro que Rodolfo estaba ayer por ahí también):
El chiqui chiqui - Rodolfo Chiquilicuatre
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