Jun
04
2008
0

La delgada línea y el hombre de hielo

Transcribo parte de un cuento de Haruki Murakami. Me gusta mucho cómo están escogidas ciertas palabras y, además, tengo motivos para simpatizar con el cuento…

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El hombre de Hielo

Me casé con un hombre de hielo.
Lo vi por primera vez en un hotel para esquiadores, que es quizá el sitio indicado para conocer a alguien así. El lobby estaba lleno de jóvenes bulliciosos pero el hombre de hielo permanecía sentado a solas en una butaca en la esquina más alejada de la chimenea, absorto en un libro. Pese a que era cerca de mediodía, la luz diáfana y fría de esa mañana de principios de invierno parecía demorarse a su alrededor.

—Mira, un hombre de hielo —susurró mi amiga.

En ese momento, sin embargo, yo no tenía la menor idea de lo que era un hombre de hielo. A mi amiga le sucedía lo mismo:
—Debe estar hecho de hielo. Por eso lo llaman así. —Dijo esto con una expresión grave, como si hablara de un fantasma o de alguien que padeciera una enfermedad contagiosa.

El hombre de hielo era alto y aparentemente joven pero en su cabello grueso, similar al alambre, había zonas de blancura que hacían pensar en parches de nieve sin derretir. Sus pómulos eran angulosos, como piedra congelada, y sus dedos estaban rodeados por una escarcha que daba la impresión de que nunca se fundiría. Por lo demás, no obstante, parecía un hombre común y corriente.

No era lo que se dice guapo aunque uno notaba que podía ser muy atractivo, dependiendo del modo en que se le observara. En cualquier caso, algo en él me conmovió hasta lo más profundo, algo que sentí se localizaba en sus ojos más que en ninguna otra parte. Silenciosa y transparente, su mirada evocaba las astillas de luz que atraviesan los carámbanos en una mañana invernal. Era como el único destello de vida en un cuerpo artificial.

Me quedé inmóvil por un tiempo, espiando al hombre de hielo a la distancia. No alzó la vista. Continuó sentado sin inmutarse, enfrascado en su libro como si no hubiera nadie en torno suyo.

A la mañana siguiente el hombre de hielo se hallaba otra vez en el mismo lugar, leyendo un libro de la misma manera. Cuando fui al comedor para el almuerzo, y cuando regresé de esquiar con mis amigos al atardecer, aún estaba ahí, fijando la misma mirada en las páginas del mismo libro. Al día siguiente no hubo cambios. Incluso al caer el sol, y mientras la oscuridad ganaba terreno, permaneció en su butaca con la quietud de la escena invernal al otro lado de la ventana.

La tarde del cuarto día inventé alguna excusa para no salir a esquiar. Me quedé sola en el hotel y vagué un rato por el lobby, desierto como un pueblo fantasma. El aire era cálido y húmedo y la estancia tenía un olor curiosamente abatido: el olor de la nieve adherida a la suela de los zapatos que ahora se derretía frente a la chimenea. Miré por los ventanales, hojeé uno o dos periódicos y luego, armándome de valor, me dirigí al hombre de hielo y le hablé.

Tiendo a ser tímida con extraños, y salvo que haya una buena razón no acostumbro platicar con gente que no conozco. Pero pese a todo me sentí impelida a hablar con el hombre de hielo. Era mi última noche en el hotel, y temía que si dejaba pasar la oportunidad nunca volvería a conversar con alguien así.

—¿No esquías? —le pregunté del modo más casual que pude.

Alzó el rostro con lentitud, como si hubiera oído un ruido lejano, y me miró con esos ojos. Después negó con la cabeza.

—No esquío —dijo—. Me gusta sentarme aquí a leer y observar la nieve.
Encima de él las palabras formaron nubes blancas semejantes a los globos de un cómic. De hecho pude ver las palabras en la atmósfera, hasta que las borró con un dedo escarchado.
No supe qué decir a continuación. Me sonrojé y me quedé inmóvil. El hombre de hielo me vio a los ojos y pareció esbozar una sonrisa tenue.
—¿Quieres sentarte? —preguntó—. Te intereso, ¿verdad? Quieres saber qué es un hombre de hielo. —Rió—. Tranquila, no hay por qué preocuparse. No vas a resfriarte sólo por hablar conmigo.

Nos sentamos juntos en un sofá en un rincón del lobby y vimos danzar los copos de nieve a través de la ventana. Pedí un chocolate caliente y lo bebí, pero él no ordenó nada. Al parecer era tan torpe como yo a la hora de entablar una conversación. No sólo eso, sino que daba la impresión de que no teníamos ningún tema en común. Al principio hablamos del clima. Luego, del hotel.

—¿Estás solo? —le pregunté.
—Sí —contestó. Después preguntó si me gustaba esquiar.
—No mucho —dije—. Vine únicamente porque mis amigos insistieron. De hecho casi no esquío.

Había tantas cosas que quería saber. ¿Realmente su cuerpo era de hielo? ¿Qué comía? ¿Dónde pasaba los veranos? ¿Tenía familia? Cosas por el estilo. Pero el hombre de hielo no habló de sí mismo, y yo me abstuve de hacerle preguntas personales.

En lugar de eso, habló de mí. Sé que es difícil creerlo, pero de alguna manera sabía todo sobre mí. Sabía quiénes eran los miembros de mi familia; sabía mi edad, mis preferencias y aversiones, mi estado de salud, a qué escuela iba, qué amigos frecuentaba. Sabía incluso cosas que me habían ocurrido hacía tanto tiempo que hasta las había olvidado.

—No entiendo —dije, confundida. Me sentía como si estuviera desnuda ante un extraño—. ¿Cómo sabes tanto de mí? ¿Puedes leer la mente?
—No, no puedo leer la mente ni nada parecido. Sólo sé —respondió—. Sólo sé. Es como si mirara con fuerza dentro del hielo: cuando te miro así, de pronto veo perfectamente cosas acerca de ti.
—¿Puedes ver mi futuro? —le pregunté.
—No puedo ver el futuro —dijo con calma—. El futuro no me puede interesar para nada; para ser más preciso, no sé qué significa. Eso es porque el hielo no tiene futuro; todo lo que posee es el pasado que encierra. El hielo es capaz de preservar las cosas de esa forma: limpia y clara y tan vívidamente como si aún existieran. Ésa es la esencia del hielo.
—Qué bonito —dije, y sonreí—. Me alegra escucharlo. A fin de cuentas, lo cierto es que no me importa averiguar mi futuro.

Nos volvimos a encontrar en varias ocasiones, una vez que regresamos a la ciudad. A la larga comenzamos a salir. No íbamos al cine, sin embargo, ni a tomar café. Ni siquiera íbamos a restaurantes. Era raro que el hombre de hielo comiera algo. En lugar de eso, solíamos sentarnos en un banco en el parque a hablar de distintas cosas: de todo salvo de él.

—¿Por qué? —le pregunté un día—. ¿Por qué no hablas de ti? Quiero conocerte mejor. ¿Dónde naciste? ¿Cómo son tus padres? ¿Cómo te convertiste en un hombre de hielo?

Me observó un rato y luego sacudió la cabeza.
—No lo sé —dijo nítida, serenamente, exhalando una bocanada de palabras blancas—. Conozco la historia de todo lo demás, pero yo carezco de pasado.

No sé dónde nací ni cómo eran mis padres; ni siquiera sé si los tuve. Ignoro qué tan viejo soy; ignoro, aun más, si tengo edad.

El hombre de hielo era tan solitario como un iceberg en la noche oscura.

Me enamoré perdidamente del hombre de hielo. Él me amaba tal como era: en el presente, sin ningún futuro. Yo, por mi parte, lo amaba tal como era: en el presente, sin ningún pasado. Incluso empezamos a hablar de matrimonio.

Yo acababa de cumplir veinte años y él era mi primer amor real. En aquella época ni siquiera podía imaginar qué significaba amar a un hombre de hielo. Pero dudo que haberme enamorado de un hombre común hubiera aclarado mi noción del amor.

Mi madre y mi hermana mayor se oponían con firmeza a que me casara con él.
—Estás muy joven para casarte —decían—. Además, no sabes nada de su vida. Vaya, no sabes dónde ni cuándo nació. ¿Cómo decirles a nuestros parientes que te casarás con alguien así? Por si fuera poco, hablamos de un hombre de hielo: ¿qué vas a hacer si de pronto se derrite? Parece que ignoras que el matrimonio implica un compromiso auténtico.

Sus preocupaciones, no obstante, eran infundadas. Al fin y al cabo, un hombre de hielo no está hecho verdaderamente de hielo. Por más calor que haga no se va a fundir. Se le llama así porque su cuerpo es frío como el hielo pero su constitución es distinta, y no es la clase de frialdad que roba la calidez de la gente.

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Cambio de tercio. Desde hace ya algún tiempo me cuesta empatizar al máximo nivel. Para mi sorpresa, un día apareció ella. Yo no esperaba nada, suficiente había tenido hasta el momento. Adoraba mi independencia y soledad emocionales. Es cierto que en ocasiones me sentía sólo, pero a excepción de esos momentos, era feliz o al menos creía serlo. Y ella me pica la curiosidad. Voy arañando su superficie y voy descubriendo mucho que me gusta, poco que me haría salir corriendo. Y lo paso genial a su lado, me divierto con todo lo nuevo que me aporta. Y poco a poco la marea me va mojando y de nuevo me siento dependiente de esas olas que rompen en espuma a mis pies…

Y todo gira y vuelvo a perder los puntos cardinales que me orientan en esta puñetera batalla. Y sucede ese momento en el que se sobrepasa la línea entre la amistad y algo más físico, aunque sea una niñería de los quince años. Y entonces se escucha la famosa regla: ambas cosas son incompatibles.

Y me veo envuelto en algo que no quería, pero que anhelaba a la vez. Y era feliz sin pensar en las consecuencias. Era capaz de despertarme al día siguiente sonriendo al recordar, pero sin ansiarlo de nuevo. Me gusta dejarme llevar y esperar poco, para sorprenderme. Hablar sobre romper esto me chocó en la cabeza y me hizo rebotar hasta la pared…

Ella se aleja y yo me quedo de pie, muy quieto, esperando ver como se da la vuelta. Maldita sea, sigo sin estar preparado para ninguna relación y, aún a sabiendas, me abro de nuevo. Vivo una contradicción.

Sigo aprendiendo sobre eso que llaman inteligencia emocional. Cada día soy más objetivo en menos tiempo. En el fondo sé lo que hay. Sólo espero no volverme el hombre de hielo.

Written by Blackbird in: Reflexiones |
May
25
2008
0

Coming home

As I peel away
All the years of pain
I discovered what’s been all along
You were so right
I was so wrong

Every shooting star
They all fall so hard
They all fade like a played out song
Now is the time
Before all is lost

I’m coming home
I’m coming home

Es muy tarde y vuelvo conduciendo. Llueve mucho, se ve poco. Atrapo las luces de los camiones lejanos.

So I’m coming home
Lost on a road I don’t belong
I’ll rest my song
I’m so alone
Far from the streets I call my own
I’m coming home

Y pienso en la música, me siento libre. Subo el volumen y grito mientras canto. Bien.

So I’m coming home
Back to the place where I belong
I’ll rest my song
I’m so alone
Far from the streets I call my own

So I’m coming home
Back to a world left long ago
Now I know
I’m coming home
I’ll find my way back
I’m coming home
I’m coming home

Y son las cuatro de la mañana. Agarro la guitarra y me pongo a tocarte. Hoy no necesito nada más para ser feliz.

Written by Blackbird in: Reflexiones |
May
22
2008
1

Haciendo mi trabajo

Llevo un par de días bastante contento con mi trabajo. No estoy limitado tan sólo en el proyecto en el que empecé en la empresa, si no que también cuentan conmigo para otras tareas.

Ayer colgué en la wiki de la empresa un tutorial sobre cómo implementar y extender tus propios módulos en Drupal 5.x. Aunque en mi proyecto utilice tecnologías como J2EE, Jakarta Struts, JSP, no quiero limitarme profesionalmente tan sólo en este campo, así que la documentación fue bienvenida.

Source Code

También cabe decir que tuve una idea obvia, pero que ha ido de perlas en el nuevo indexador que se está implementando para otro proyecto. La idea consistía en aplicar el divide y vencerás, ese paradigma que tanto había oído durante la ingeniería. Pues he aquí que pude sacar provecho de algo tan tanto y conseguir una mejora de rendimiento del 1000% (¡toooooooma! ).

Y, aunque tenga una pila de trabajo todavía por cubrir, hoy le he propuesto a mi jefe de proyecto dos grandes mejoras en cuanto a usabilidad. Lo mejor ha sido el recibimiento que han tenido ambas y que las haya implementado en tan poquito tiempo. Y es que cuando me divierto las cosas salen solas :)
Un aliciente más para no quedarme durmiendo por las mañanas :P

Written by Blackbird in: Reflexiones |
May
18
2008
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La maldad

Three wise monkeys

No veas lo malvado,

no escuches lo malvado,

no digas con maldad

Written by Blackbird in: Reflexiones |
May
03
2008
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Cloro

Huelo a cloro. Bueno, mis uñas. Cada cuatro brazadas respiro. Y nado más rápido. Y como también trago agua, luego moqueo. Y como como menos últimamente, la ropa me cae de forma diferente. Y miro el teléfono como un gilipollas.

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Written by Blackbird in: Reflexiones |
May
03
2008
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Otra vez

Estoy cansado, no puedo dormir. Otra vez lo de siempre, la misma espiral descendente. Y cuando los columpios no calman la tormeta interior que azota mi superficie, entonces es hora de tocar. Hasta que las llagas en los dedos me lo impidan. Trust.

Written by Blackbird in: Reflexiones |
Abr
30
2008
4

Crónica de hoy, 30 abril 2008

Y siguiendo con el egoblog, daré parte de mi día.

Hoy día de muchas llamadas pues tocaba subir a producción unas mejoras y tenía que quedar todo bien para evitar llamadas en el puente del tipo “llevamos tres días sin que furule tal y pascual“.

También resulta que en el curro me hicieron un fotomontaje (son unos artistas!) sobre una broma que se llevan conmigo y una maquetadora, he aquí la prueba del delito:

Fotomontaje

Me tapé la cara por si las moscas, que luego estas imágenes las indexa el diablo, digo Google, y salgo en el número uno por maricón (perdóneme quien se haya sentido ofendido).

Salí del trabajo una hora antes pues ayer me hice horita y media más por exigencias del guión. Y salir viendo el buen día que hacía y pasear hasta el metro…eso no ha tenido precio :)
En cuanto llegué revisé los cuatro correos y me puse a tocar. Como hoy por perrería no fui a nadar, me metí mi media hora de bicicleta y aquí estoy, con 400 calorías menos :mrgreen:
Mañana y pasado ya parecen estar bastante cubiertos en cuanto a planes (no me repetiré, en el otro post de hoy dejé constancia) y ahora me mantengo a la espera para pasar otra de esas noches with no sex neither drugs.

Me despido con un temazo de QOTSA para celebrar que hasta el lunes no piso la oficina…¡yujuuuuu! Happy puente a los que lo tengáis, ánimos a los héroes que el viernes tengan que trabajar. Como diría Torrente: ¡a levantá el país! 

I never came - Queens Of The Stone Age

para ti, sirenita…

Written by Blackbird in: Reflexiones |
Abr
25
2008
5

Sirenito

Hace tiempo que no dedico un post entero a hablar sobre mí…¿qué fue del ego-blog?..

Pues resulta que emocionalmente sigo perdido. Chicas que aparecen en mi vida que confiesan que soy un tipo estupendo y casi seguro estoy de que lo dicen porque todavía no me conocen lo suficiente. Je. Todas un encanto y con pareja. No sirve que digan “si nos hubiéramos conocido antes” o “porque ahora estoy bien que si estuviera sóla…”. El momento es ahora y yo sigo sin saber si puedo mantener una relación.

El maldito Sant Jordi llega para recordarnos que no regalarás ninguna rosa si no es por compromiso. Aunque, estúpido de mí: 1. qué coño espero de una fiesta al más puro estilo “ya es primavera en el corte inglés” y 2. tampoco me ha hecho mucha gracia nunca el día, sólo pasearme para ojear las últimas novedades literarias. Así que tras un despertar más horrible que el de Amy Wino tras una noche de confusión y desparpajo y un día agotador en el curro, sendos detalles hacen que este día no sea tan triste como hubiera planeado. Uno que se emperra en verlo todo negro y todos llevándote la contraria (¿se nota que doy las gracias?..seré más explícito: ¡gracias!)

Cangrejo Sebastián

Cangrejo Sebastián busca sirenita: ¡bajo del maaaaaar, bajo del maaaaaaar! (no me lo tengáis en cuenta)

Sirenito me empiezan a llamar con cariño. Hoy ha sido mi segunda tanda de piscina y debo reconocer que sentirme el culo apretado y los tríceps a punto de saltar tiene su aquel. Duermo como un condenado bebé. Meses de dieta sin un miligramo de azúcar y una botella de font vella al día parece que surte efecto. Haciendo esta propaganda subliminal deberían pensar en ponerme en el próximo anuncio y no a la Rosa de España. Je.

Empecé hablando de sentimientos y me fui por las ramas. Sólo me gustaría saber qué tengo que hacer para que algo funcione ¿pongo cara de gatito desamparado?

Gato Shrek

¿Mola el jodido gato, a que sí?

Laboralmente, pues no sé qué contaros. Cada día tengo más responsabilidades y más marrones. El martes de la semana que viene tengo una reunión crucial, de esas en las que asistes con traje y corbata y les vendes la moto lo mejor que puedes. Por suerte, me están valorando lo suficiente como para atender a algunas de mis peticiones: 1. quiero el viernes de fiestaaaaaaaaaaa y 2. por favor, si vuelvo a documentar hoy ocho horas seguidas me hago el sepukku, ¡¡¡¡dadme más faena que no sea documentación!!!! (otra vez la cara del jodido gato).

Qué más puedo contar…mmmmm…Sigo cantando mientras voy en el coche y con el iPod a todas horas, el mejor invento de la historia esto de los m-petreses, oiga! Y silbo por la calle y al llegar a casa me pongo a tocar la guitarra como un demente. Y venga a tocar ese trozo una y otra vez y ¡niñoooooo, ponte los cascos, coño, que tengo la cabeza como un bombo de escuchar to el rato lo mismo! (no me lo dicen, pero deberían, no veáis qué perra me llevo esta semana con Trust de Megadeth y Wanderlust de Nightwish). Entre la piscina, la guitarra, el iPod y que me he enganchado a la segunda temporada de Heroes, mi vida discurre de puntillas a través del tiempo.

Ohhh, ahora suena Something about you de Lucie Silvas, ale, vídeo que te crió! jijiji

I’ve been watching from a distance
Trying to hold back what I’m feeling
It doesn’t matter that I’ve got so much to lose
There’s something about you

This is the right place at the wrong time for loving you
I wish I could tell you the way I feel

I’ve been watching from a distance
Trying to hold back what I’m feeling
It doesn’t matter that I’ve got so much to lose
There’s something about you

Me encanta esta mujer, desde hace un tiempo me pido una como ella para reyes…Si me cantas lo que ella canta soy todo tuyo :oops: Y qué razón tiene (las indirectas no son mi fuerte, siempre acaban siendo directas!): this is the right place at the wrong time for loving you…

Gros bisous et bonne nuit!

Written by Blackbird in: Reflexiones |
Abr
15
2008
1

La musa

Otto

Tengo que ponerle nombre a mi musa:  la que me hace dormir poco y soñar mucho, la que no olvido y cuya imagen se proyecta en mi memoria.

Es una contradicción: es todo y es nada. No puedo pasar una noche en su regazo y sin embargo duermo con ella. No puedo tocarla, pero me estremezco si me acaricia.

Necesito acabar la canción que llevo tiempo componiendo. Pero ya tiene nombre…

Written by Blackbird in: Reflexiones |
Abr
13
2008
4

Mi segundo cumpleaños

Mañana es un día muy especial para mí, pero como tendré mucho tiempo de postear (trabajo+concierto de Nightwish), pues me he decidido por escribir unas líneas hoy.

Porque es un día tan especial para mí, permitidme que me reserve no explicarlo ¡espero que no resulte hipócrita explicar mis razones, pero hablar de la celebración!

Quiero dar mis más sinceros agradecimientos a todos los que estuvisteis en ese momento a mi lado:

…a mis padres, los que siempre estuvieron a mi lado y me lo demostraron con creces una vez más.

…a mi gente en Suiza y muy en especial a mi hermano adoptivo, Javico, a mi suiza preferida, Myriam, a mis chicas Vero, Cris y a mi chico Álex.

…a mi gente en Barcelona: Neus, Paula, Marc y a mis niño preferidos: Ángel y Albert

Todos pusisteis vuestro granito de arena para sacarme a flote: unos intentasteis emborracharme (¡cabrones!), otros me bien aconsejasteis, otros escuchasteis mi dolor.

Y sigo sin ser perfecto a mis ojos y sigo teniendo miedo a enamorarme. A mi debilidad, a la sensibilidad que reflejo en los demás. Y sigo siendo un desastre, pero cada día me alegro más de serlo :)
Sigo siendo ese niño que nunca crecerá, aquel del que pensarás “¡está totalmente loco!”, el que gritará ¡guapo, guapo! a alguien en el escenario…

Ana Los amantes del círculo polar

No me olvidéis, sigo aquí…

Esta noche te espero en mi cuarto.

Salta por la ventana ¡valiente!

…valiente, valiente…¡valiente!

Written by Blackbird in: Reflexiones |

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